martes, 16 de febrero de 2010

El destino


   Que interesante proponerse pensar en casualidades y/o causalidades, en el destino, algo que se va tramando a lo largo de la vida o que ya fue designado desde un principio, o como es mi parecer, que todo ,desde que el mundo surgió, es la consecuencia inevitable de hechos que por "propio peso" se desencadenan y en consecuencia de cada de detalle que aparece en nuestras vidas y que a su vez son la consecuencia de cosas o sucesos anteriores, que a su vez etc, y así ad infinitum. De esta manera también llego a algo parecido al pensamiento griego, salvo que ellos pensaban que cambiar el destino era imposible, y de todas formas o de peor forma se llegaba a él, en mi caso cambio eso por el hecho de que esas acciones son parte del destino, es decir, el querer cambiarlo por saber lo que depara también estaba escrito. No apunto solo a hechos específicos como "Matarás a tu padre y desposarás a tu madre", si no en todo hecho, decisión, acción y pensamiento del ser particular, en conjunto con factores externos tanto fortuitos como adversos.



Aqui dejo un poco de informacion relacionada, junto a sus enlaces correpondientes:



Filosofía




El destino es un constructo metafísico y como tal está sometido a interpretaciones. El destino sería la sucesión incognoscible e inevitable de acontecimientos que ocurren en diferente lugar y tiempo cuya consecuencia del pasado que afecte uno o más hechos futuros, así como la red de posibilidades del futuro a causa de las acciones presentes y los acontecimientos pasados.

El destino se relacionaría con la teoría de la causalidad que afirma que «toda acción conlleva una reacción, dos acciones iguales tendrán la misma reacción», a menos que se combinen varias causas entre sí haciendo impredecible a nuestros ojos el resultado.

Nada existe por azar al igual que nada se crea de la nada.[1] Todo tiene una causa, y si tiene una causa estaba predestinado a existir desde el momento en que la causa surgió. Debido a que la inmensa cantidad de causas es impensablemente inmensa, nos es imposible conocerlas todas y enlazarlas entre sí.

Desde un punto de vista religioso el destino es un plan creado por Dios, por lo que no puede ser modificado de ninguna manera. Esto, por supuesto, exceptuando el conocimiento judeocristiano que rechaza de plano (desde la Sagrada Escritura) la existencia de una predestinación absoluta (debido al libre albedrío, que entre otras cosas, hace al hombre ser imagen y semejanza de Dios).

Los griegos llamaban al destino «ανανκη » (Ananké)y lo consideraban una fuerza superior no solo a los hombres sino incluso a los mismos dioses. El destino era Moira (rebautizada como Fatum para la mitología romana).



_____________________________________________________________________________


Los antiguos griegos y la libertad

La idea de libertad, ha adquirido a lo largo de la historia de la filosofía matices diversos, incluso contradictorios. Los griegos abordaron el concepto en sus múltiples dimensiones. Consideraron el orden cósmico que asignaban al destino, la importancia de la autonomía política y la libertad individual, desembarcando inequívocamente, en el dilema moral que subyace en la profundidad del concepto de libertad.


Libertad frente al destino


La noción de se relaciona con la idea de un orden cósmico determinado por el destino.¿Es posible ser libres frente a la ? Posiblemente, pero esta clase de libertad, no constituye muestra alguna de dignidad humana. Por el contrario, es una suerte de honor haber sido elegidos por el para llevar adelante una necesidad del orden cósmico. Y en esta línea, actuar conforme a un destino necesario, implica una libertad elevada, superior.



 

_____________________________________________________________________________

 

 Como todo concepto en la Antigua Grecia tenía su propio Dios o imagen, el destino también estaba representado en la sociedad Helénica como tres bellas Moiras o Nornas, las cuales tenían un papel muy importante en el concepto de la vida.
Las Moiras son seres pertenecientes a la mitología griega, personificación del destino o Anagké (su equivalente romano son las Parcas, personificación del Fatum). Aunque se las reconoce en ciertos pasajes como hijas de Zeus y Temis, es más probable, sin embargo que sean hijas de Nix, la Noche, diosa que concebía por sí sola (Teogonía de Hesíodo).
Las Moiras son tres, Cloto, Láquesis y Átropos, "la que hila", "la que asigna el destino" y "la inflexible". Son la personificación del destino, y su misión en el horizonte mitológico griego, es la de asignar el destino a los seres que nacen, deparándoles suertes y desgracias.
Como diosas del destino velan porque el destino de cada cual se cumpla, incluyendo el de los propios dioses. Asisten al nacimiento de cada ser, hilan su destino y predicen su futuro. Se las representaba como tres mujeres de aspecto severo: Cloto, con una rueca; Laquesis, con una pluma o un mundo y Átropos, con una balanza.


_____________________________________________________________________________



 
Mucho antes que Sócrates se preguntara sobre el Bien y el Mal, sobre el destino de la vida y sobre la realidad de la muerte, muchos otros filósofos y escritores habían indagado acerca de los secretos de la existencia humana.
A lo largo de la historia, el hombre ha dirigido su atención hacia su propio mundo interior. Gracias a esta búsqueda de lo intrínsecamente humano hemos podido disfrutar de grandes producciones artísticas, como las tragedias griegas. Pues en ellas, se narran las aventuras del hombre, que explora los abismos y vericuetos del alma.
En el año 334 a.C. Aristóteles postuló que la tragedia (mediante una serie de circunstancias que suscitan piedad o terror) es capaz de lograr que el alma se eleve y se purifique de sus pasiones.
Este proceso, que se denomina "catarsis", es la purificación interior que logra el espectador a la vista de las miserias humanas.
El fondo común de lo trágico será la lucha contra un destino inexorable, que determina la vida de los mortales; y el conflicto que se abre entre el hombre, el poder, las pasiones y los dioses.
Sus temas, sin duda grandilocuentes, no solo no han perdido vigencia, sino que además se resignifican y materializan continuamente, en los distintos sucesos que padece la humanidad.



 _____________________________________________________________________________



Siembra un acto y cosecharás un hábito. Siembra un hábito y cosecharás un carácter. Siembra un carácter y cosecharás un destino.
Charles Reade (1814-1884) Escritor inglés.
Yo creía que la ruta pasaba por el hombre, y que de allí tenía que salir el destino.
Pablo Neruda (1904-1973) Poeta chileno.

mas en http://www.proverbia.net/citastema.asp?tematica=301&page=1

 

lunes, 1 de febrero de 2010

Westermarck y los matrimonios.

El efecto Westermarck: no te acuestes con tu familia
de Genciencia de Sergio Parra




No importa que hablemos de seres humanos de distintas culturas, tampoco de primates sociales no humanos en los que se ha estudiado en profundidad el desarrollo sexual (como los titís y tamarinos de Sudamérica o los macacos asiáticos). El efecto Westermarck se produce en todos ellos.

Es decir, todos ellos rechazan a los individuos con los que estuvieron estrechamente asociados en las primeras etapas de la vida, sobre todo si se trata de padres o hermanos.

Este efecto fue descubierto primero en humanos por el antropólogo finés Edward A. Westermarck. Su primera referencia apareció en la obra de 1891 Historia del matrimonio. Desde entonces, multitud de pruebas experimentales han refrendado este efecto.

Uno de los más conocidos es el que realizó Arthur P. Wolf, de la Universidad de Stanford, en relación a los “matrimonios menores” de Taiwán. Los matrimonios menores son aquellos en los que niñas no emparentadas son adoptadas por familias, criadas con los hijos varones biológicos en una relación normal de hermano-hermana y después se casan con los hijos. De esta manera, las familias se aseguran que el hijo tendrá una pareja, dada la proporción sexual desequilibrada del país.

Pues bien, Wolf examinó las historias de 14.200 mujeres taiwanesas durante 40 años, de 1957 a 1995, que habían sido contratadas para matrimonio menor. Las estadísticas se complementaron con entrevistas personales a muchas de ellas, así como a amigos y parientes.

Los sim-pua, que así se llaman a estas mujeres, no tenían relación genética con sus maridos. Sin embargo, habían sido criados como hermanos. Es decir, como si la tuvieran. Esta situación produce un curioso fenómeno: cuando la futura esposa fue adoptada antes de los 13 meses de edad, normalmente se resistió a contraer matrimonio con su hermanastro. En muchas ocasiones, sólo contraía matrimonio bajo amenaza de castigo físico por parte de la familia. Además, esta clase de matrimonios tenía un alto nivel de divorcios.

Edward O. Wilson profundiza en este estudio en su libro Consilience:

En una meticulosa serie de análisis cruzados, Wolf identificó el factor inhibidor clave como la coexistencia cercana durante los primeros trece meses de edad de uno o de ambos componentes de la pareja. Cuanto más larga y más íntima era la asociación durante este período crítico, más fuerte era el efecto posterior. Los datos de Wolf permiten la reducción o eliminación de otros factores imaginables que pudieron haber desempeñado un papel, incluida la experiencia de la adopción, el nivel financiero de la familia adoptiva, la salud para el matrimonio, la rivalidad entre hermanos y la aversión natural al incesto que pudo haber surgido al confundir a la pareja con hermanos verdaderos, genéticos.

Así pues, podemos extraer la conclusión de que nuestro cerebro está programado para no mostrar interés sexual por aquellos individuos que conocimos íntimamente durante los primeros años de nuestra vida.

Pero ¿es posible que el efecto Westermarck se originara a partir de la evolución genética mediante selección natural? ¿Realmente el incesto es tan negativo como creemos? ¿Es rechazado en todas las culturas? Lo veremos en la siguiente entrega de este artículo.

Vía | Consilience de Edward O. Wilson


COSAS INCREIBLES PARA MI, esta nota enlazada al principio es de la pag:

http://www.genciencia.com/biologia/el-efecto-westermarck-no-te-acuestes-con-tu-familia-i